lunes, 2 de junio de 2008

atrápame

Hoy subía por una escalera escarbada en la piedra. Esta vez la escalera, que seguía siendo de caracol e interminable, estaba dentro de una especie de montaña y tenía pequeños descansos con ojos abiertos en la gruta. Las vistas que estas aberturas proporcionaban eran realmente bucólicas, se podía contemplar una hermosa bahía repleta de embarcaciones de recreo ancladas, como esperando dormidas. Esta imagen de embarcaciones blancas sobre un mar azul vítreo junto con el juego de las gaviotas revoloteando buscando su alimento, producían una sensación de paz y de plenitud indescriptibles.

A medida que la ascensión avanzaba se volvía más compleja, debiendo atravesar pasadizos. En uno de esos pasadizos descubro unas puertas de madera oscura, casi negra, tallada con hermosos diseños de aves y flores como representando un paraíso terrenal. La hermosura de esas puertas me llama tanto la atención que decido traspasarlas. Del otro lado descubro una terraza repleta de macetas llenas de flores. Había geranios, claveles, jazmines y el olor que todas estas plantas desprendía junto con las caricias de un sol de verano de primera hora de la mañana invitaban a quedarse sentada en aquella terraza. Por otra parte, una mesita con un desayuno, muy bien dispuesto sobre ella, hacía todavía más apetecible la parada.

Obviamente, y los que me conocen podrán corroborarlo, no dedicaba más tiempo a aquella terraza que el justamente necesario para disfrutar por unos instantes de la visión y posteriormente retomar la difícil ascensión, aunque con energías renovadas.

Llegado a un punto de la ascensión la escalera se ensancha, estamos dentro de una torre inmensamente alta. Dado que la escalera carece de baranda de protección, hay que subir con mucha precaución. Para aliviar el camino de los que han llegado hasta este punto, hay un ascensor, casi tipo nave espacial, con un simpático ascensorista que sin dejar de sonreír me invita a subir. Como ya he explicado, toda la escalera carece de baranda y la parada del curioso ascensor es más bien tambaleante, por lo que el riesgo de no alcanzar la nave de ascensión y caer al vacío es extremadamente alto.

Viendo la inestabilidad del aparato dudo entre intentar entrar en el mismo o seguir la ascensión a pié. Finalmente y por la insistencia del ascensorista, decido tomar el ascensor y…
Doy un paso, mi pié pisa en falso y caigo al vacío, con la consecuente sensación de angustia y desespero. A pesar de que mientras caigo intento pensar en qué punto de la ascensión me coloque el arnés de protección que llevo puesto y hacer el cálculo mental de los pisos que me tocará volver a subir…

¡Por fin! Me desperté y finalizó la pesadilla, eso sí, con el corazón sobresaltado y la sensación de pérdida en el cuerpo.