domingo, 5 de julio de 2009

corazón nómada



Nunca se había aferrado a nada. Nunca había arraigado raíces en la tierra. Su vida era un ir y venir, como hoja mecida por el viento.
Nunca quiso reconocer el hecho que le movía a ser de esa manera. Ella se escudaba tras la defensa de su libertad a ultranza, cuando la realidad era muchísimo más simple.

Una historia de amor truncada, un corazón herido y un alma desahuciada le habían convertido en la mujer que era. Vagaba nómada de corazón en corazón esperando encontrar alguno en el cual cobijarse, pero no quería ser consciente de que ese vagar no era azaroso sino más bien premeditado.
Tildaba de nómadas a cada uno de los corazones que se encontraba, sin reconocer que era el suyo el más nómada de todos. Aún sin quererlo, era la persona que era y solo una parada -como de descanso, en algún puerto tranquilo, que le cobijara de las tormentas pero que le permitiera seguir observando la inmensidad del mar- le permitiría dejar de serlo.

Un buen día echó el ancla. Se resguardó en un pequeño puerto, alegre y tranquilo, para descansar.

Fue allí donde le encontró y allí donde finalmente se quedó.

Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos vagado, como nómadas, sin rumbo fijo.
Sólo el día que decidamos pararnos aparecerá ese puerto...tan soñado...tan buscado.