sábado, 16 de mayo de 2009

corazón en abierto



Siempre me pregunté cómo podría ser reencontrarme con alguien a quien hubiera amado mucho. Alguien a quien no busqué por miedo a ser rechazada y que ese rechazo me hiciera consciente de no haber estado realmente “enamorada”.

Es muy posible que por este motivo retrase, a veces hasta el infinito, los reencuentros con personas que han significado algo sentimentalmente; por aquello de que el tiempo es algo que todo lo cura.

La soledad buscada y querida, la paz, la armonía de estos días me ayudan a poner obstáculos a todo aquel que quiera acercarse a mi vida más íntima. Preservo esa intimidad tan celosamente que podría decirse que raya la obsesión.

He abierto ventanas para que entren brisas y aromas, pero todavía mantengo la puerta cerrada por miedo a las tempestades. Aún así, me siento tranquila; tranquila porque sé que abriré la puerta cuando el “toque” sea el deseado, ni demasiado débil –alertando que alguien poco valioso llama– ni demasiado fuerte.

Él siempre llama dos veces, con suavidad y firmeza, pero dos veces…