sábado, 30 de mayo de 2009

bajitos



Era bajito, tan bajito que apenas se le veía. Su voz era acorde a su estatura, por lo que nunca se le oía más allá de su nivel; donde muy pocos, o simplemente los de su misma especie, solían llegar.

Vivía su existencia como una pura tragedia. Todo, incluso lo más simple, era trágico para él. Todo, incluso lo menos importante, se le convertía en un nudo en la garganta.

Soñaba con ser el amante de la giganta, aquella de largas trenzas y de mejillas sonrosadas.

Obviamente, la giganta no tenía ni el más mínimo conocimiento de ese amor que él le guardaba.

Un día la giganta, sin ser consciente de ello, se le sentó encima...

Él murió asfixiado pero con el corazón lleno de dicha, pues murió teniendo a su amada justo donde quería.


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