domingo, 28 de septiembre de 2008

domando elefantes



Los domadores de elefantes, para mantener quieto al animal, les atan una cuerda alrededor de una de sus patas, luego amarran esa cuerda a un palo de madera y, finalmente, clavan ese palo en la tierra, así el elefante no puede moverse. Pero, ¿por qué no pueden soltarse toneladas de músculo y fuerza atadas por una pequeña cuerda y un palo de madera?

La respuesta a este misterioso secreto es sencilla. Los domadores entrenan a los elefantes, desde el primer día, para que permanezcan quietos en esa misma posición. Con el paso del tiempo, esta asombrosa criatura se convence de que no puede arrancar el palo y, como está convencida, ¡no puede!

Pues bien, resulta que nosotros, los seres humanos, hacemos lo mismo. Nos convencemos a nosotros mismos de que no podemos alcanzar aquello que realmente deseamos.
Este auto convencimiento lo provocan nuestros miedos, miedos que nos ha impuesto nuestro entorno (familia, amigos, sociedad), pero en realidad sí somos capaces de conseguir todo lo que realmente deseamos.

Hay una frase del libro El Alquimista, de Paolo Coelho, que me acompaña desde el momento que la leí

“Cuando quieres algo y lo deseas con fuerza el Universo entero conspira para que se realice tu deseo”

Obviamente, hay que desear cosas realizables, es decir, yo nunca pretendería ser la compañera sentimental de George Clooney –por mucho que me atraiga la idea–, pues podría morir en el intento. Pero sí puedo desear ser mejor persona cada día, que ese amigo/a, a quien amo y que demuestra su afecto real por mí, se convierta en mi pareja, ser mejor valorada en mi puesto de trabajo o incluso encontrar un puesto en el que se me valore como creo merecer y un millón de etcéteras más.

Así pues, domemos a nuestros elefantes y deshagámonos de las simples ataduras para ser más libres, más humanos, más felices