miércoles, 23 de abril de 2008

san jorge y el dragón


Nací de la nada cuando tu mano y tu pluma, ávidas de creación, iniciaron su recorrido por estas hojas, que fueron blancas.
La tinta de tu pluma iba impregnando mi cuerpo y dándome forma. Me escribiste rápido y realizaste, en tu carrera hacia esta creación, algún que otro borrón que quedó, irremediablemente, grabado en mi memoria; pese a que el resto de la gente que me observe no los reconozca; pese a que tú ya tampoco los reconozcas.
Ahora sé que me olvidaste, aún después de haberme dado la vida. Sé que profesas tu amor a otras hojas más blancas, más puras, más inocentes que las mías; otras hojas que recibirán de tu mano, quizás, mejores caricias que las que me profesaste un día.
Mientras, yo reposaré en otras manos dejándome acariciar y transportando a quien me lea hasta ese universo que creaste e imaginaste solo para mí.